Testimonio de una ladilla microbusera parte II ( contra ataque)
Otra vez estaba yo, a las 6 y 30 a.m con mi mochila de 3 kg ( aproximadamente) colgando de un solo lado de mi espalda en el paradero Niña María, esperando a la movilidad que me llevaría a la universidad, el aclamado " El rápido" un bus rojo con franjas azules que por ser el único que llega a la Vía Expresa, está casi todo el día lleno.
Se aproximaba " El rápido", la gente se salía por las ventanas, veía pies, manos saliéndose por las puertas y caras aplastadas en el vidrio frontal del bus ( en verdad no, es una exageración ) pero sí estaba lleno, cuando se detuvo, tuve que competir con otras siete personas entre oficinistas, escolares, enfermeras y obreros por entrar, porque si se llena el carro, los que sobren tienen que esperar al próximo que llega cada 5 minutos y probablemente más lleno.
Como iba diciendo, subimos por la puerta posteror del bus, eramos como 20 en el estribo(escaleras) , yo estaba en el segundo escalón y mi brazo derecho, con el que cargaba la mochila, se aplastaba con el espaldar de los asientos, estaba en una posición incómoda e inmobil entre oficinistas, escolares, enfermeras y obreros cuando apareció el cobrador haciendo sonar las monedas, avanzando como podía, sumergido en el mar de gente internado en aquella capsula metálica a la que llamamos "El rápido".
El carro se detuvo en un paradero, porque otros potenciales pasajeros lo pararon. Los pasajeros empezaron a quejarse ya que estabamos muy apretujados. El cobrador bajo por las escaleras y las personas se reacomodaron en cadena una persona pudo subir y otras tuvimos la oportunidad de acomodarnos a una posición un poco mejor (podía mover los brazos).
El bus corría por Caqueta, con medio cuerpo a fuera del cobrador, aún así éste conch llamaba a la gente, con la cabeza y agitando el brazo derecho en la calle.. Entonces ya cómoda con mi pasaje y el carnet de medio pasaje en la mano, lo llamé y le dije: Cóbrese...
Él me miró a través del vidrio, primero sorprendido y luego cargado de indignación, con aquella mirada supongo yo también, me insultaba pensando: Qué acaso no me ves con medio cuerpo a fuera, cojuda?!. Yo lo miré y fui feliz, el diablito que habita en mí me incito a sonreir inocentemente..
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