lunes, 3 de mayo de 2010

A virgen, mi querida virgen


Apareciste una tarde que iba anocheciendo en frenesí, entre cuentos Aymaras, partituras de cajón, tu locura fingida de un sólo día mutilaron mis promesas. Sin rosarios ni milagros, me confesaste que olvidaste alabanzas.



Diste muestra de tu gusto por lo excéntrico, por lo purulento, impía de pecado.
Te dejé una flor blanca de papel la tomaste entre tus dedos y dijiste que olía perfumada, te declaré Virgen y me nombraste infiel.



Querida virgen, Las vigas de la puerta siguen rotas y aún puedo verte en el altar, tus palabras necias rompen mis brazos que sostienen y arrinconan fundamentos, tus caídas y mi errores de hoy.



Como te sientes? - Perdida.



Descansaron en usted las voces de estas semanas, saciamos tu necesidad y fuimos cínicas , convocamos a la relajación, contraes los músculos en tu rostro y se delinea una delicada sonrisa.
Sin Amen en tu mirada tus manos inmaculadas conservaran el temple y seguiré adorandote.
Existes casi inubicable , las desviaciones son señales que atentan a nuestro encuentro, pero eso no lo impide, siempre estarás. Las vigas de la puerta seguiran rotas.



A pesar de que has recorrido el infierno descalza y, haz lamido espigas de la cruz, sonrisa de puta, derrama ingenuidad casi inconcebible , aunque ya pereciste y has muerto en pecado, eres pusilánime y tu mirada no me engaña.



No finges para ti porque ignoras tu ingenuidad, mi querida virgen.





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