
Ella sigue recostada en la colina de gras, esperando a que termine el efecto de las tres piteadas de marihuana que compartió con él , como sí ambos fueran cómplices de una nueva travesura de niños, de siete años.
Las estrellas intentan brillar pero, las brumas negras por la contaminación prefieren adueñarse del cielo limeño.
Ella le grita que es un tonto y le divierte como camina saltando al compás de un feeling reage, ella cae en una risa descontrolada.
El no piensa que es tonto, sólo piensa que le encanta su sonrisa y como se fijan sus ojos rojos achinados en él; y que ella no presta atención a los animalitos que acompañan su baile con piruetas y malabares.
Él le grita a voz en cuello, qué nunca se tiraría en parapente por ella, porque le teme a las alturas, porque algo podría fallar y le encanta vivir, y que su vida es ella y quiere disfrutar cada instante de ella ,mientras mira los parapentes de luz de luciérnaga que alucina sobre el mar negro y turbio.
Ella deja de reír , lo ignora y piensa que es realmente un idiota que lo es todo el tiempo, no sólo por la marihuana y piensa que también es tierno, pero preferiría compartir con él algo único y definitivo que él se tire con ella sin parapente , sentir que vuelan en la oscuridad nocturna unos cuantos segundos y compartir la experiencia de volar y morir a su lado impactados en las afiladas rocas asesinados por la gravedad en ese mismo acantilado miraflorino , donde se esconden y disfrutan de sí mismos, de su compañía y de las alucinaciones. Pero no se lo dice, ni lo dirá.
Ella mira a su derecha y baja la mirada al sentir como las naranjas con mini brazos jalan su las tiras de ajustar de su casaca. Se pone de pie y se dirige a la civilización, en busca de la luz artificial de los postes más cercanos yendo en dirección opuesta de donde él ya no baila, está parado.
Ella sigue dejando atrás al feeling reage, parapentes de luz de luciérnaga, naranjas con mini- manos y animalitos danzantes.
Prefiere no enamorarse, ni arriesgarse, recuerda que siempre apreció la belleza de un Halcón que tenía disecado en el aparador de la biblioteca de su padre, un ave que no murió volando, ni siendo depredado, murió cazado por hombres e inmortalizando su imponente belleza que ella admira, prefiere no volar, ni ser depredada por amor, por traición, ser disecada por las reglas inmortalizándose con sus escritos, en sus pinturas, en sus ideas, por su educación y ser admirada.
No sabe el por qué desde que él llegó a su vida fantasea que vuela, que muere sólo con él y se atreve a romper las reglas que la alejan de su disección y meta y crear un final alternativo glorioso a su lado.



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