domingo, 7 de marzo de 2010

El plan de mi hermano

EstuvimOpciones de entradaos planeando varias veces como desaparecer a Gerardo, ya hacia días que nos habíamos decidido mi hermano y yo, empezó como jugando y los planes se hacían más meticulosos. Cada vez que Enrique habría su boca con fluidos discursos estimulantes y me mostraba sus planes, mapas bien diseñados, yo solo asentía y a veces sugería sin influir en alguna decisión de ninguna índole.

Cumpliríamos el hecho a las 7 horas entrada la noche, pero nadie tenía que enterarse menos el mismo traidor de Gerardo. El plan consistía en 3 puntos: Engañarlo (dentro de ello amordazarlo) Raptarlo (hacerlo sufrir un rato) Para luego abandonarlo y cualquier callejón de Don Nadie y sus mujeres (dejarlo a su suerte) Sin pensar en ese momento en las consecuencias de lo que planeábamos y de lo que pasaría después. A la traición!! - Decía Enrique en un tono decidido en su particular estilo. A quién no había escuchado decir algo con tanto entusiasmo, era la primera vez que por su cuerpo recorría el rencor por la primera perdida del mejor amigo, y dignidad a causa de seducción del enemigo, una niña. Atención camarada - se dirigía hacia mi golpeando mi cabeza con la antena rota del televisor en el casco de patineta que tenia en la cabeza, mientras yo lo miraba con admiración, el respeto que solo le tiene un hermano menor a su hermano grande. Los demás tontos pueden irse detrás de niñas! Eww niñas - interrumpía yo. Enrique- No pensé que Gerardo sería igual, él era diferente, éramos contra ellas, no lo entiendo. Ese verano del 94, todos los niños andaban detrás de las niñas, luego de repudiarlas por años. Era el despertar sexual , la Pre -adolescencia, un gran acontecimiento a la edad de Enrique pero, para él fue diferente .Había perdido su mejor amigo Gerardo que ya no venía a casa , sólo andaba con una niña de ojos grandes, llamada Liz. Lo que trajo una discusión con mi hermano, luego de ello los demás chicos estaban del lado de Gerardo, ya no jugaban con mi hermano, cada vez que lo veían en el jardín le gritaban cosas y amenazaban con golpearlo, esa era la razón de su odio hacia Gerardo.

Él no salía prestarme tanta atención siempre estaba con Gerardo encerrados en su habitación con videos juegos, coleccionando figurillas para álbumes, cosas de niños grandes, de esas que por más que uno quisiera hacerlas siempre salen mal, lo echan del lugar o se lo terminan arruinando. Si le echamos harina? Lo bañamos en agua helada? Ya sé! Dale pipi de perro! Opinaba yo entusiasmado Nada de eso esas son niñerías! Me decía Enrique caminando de un lado para otro. Todo ya estaba listo sugerencias de último momento estaban por demás. Hoy era el día. Después de las 7 consumaríamos el plan, luego que acabara nuestra serie favorita y antes de las 10, mi hora de dormir. Él lo tenia todo pensado, era la primera vez que lo veía tan decidido, eso era coraje, el coraje que papá le pedía. Papá era policía, no estaba mucho en casa, pero cada vez que podía quería probar “las pelotas de sus hijos” como él decía, a mí no me exigía por ser más pequeño pero, Enrique siempre estaba en su mira y lo peor de todo que lo llamaba niñita. En aquel tiempo yo pensaba: Pobre de Enrique, Yo no puedo defenderlo, no puedo, papá es grande y yo tengo siete años. Yo debía de invitar a Gerardo venir a casa, él había discutido con mi hermano hace dos semanas, y sé que se dijeron cosas horribles, porque Enrique lloró, yo lo sé, lo supe porque sus ojos se le hincharon y enrojecieron y ese día papá no lo había golpeado. Desde eso Gerardo ya no volvía, ni llamaba a casa. Así que la misión dependía sólo de mi, ese día me puse mi polo de la suerte y mis pantalones camuflados, fui a casa de Gerardo a las 3 PM a jugar con Eduardito, el hermano menor de Gerardo, que me esperaría con el video juego de Dragon Ball. Tenía que decirle a Gerardo que me acompañe a casa a las 6 y 45, llegábamos a las 7 a casa y yo tenía que sentirme enfermo para que me llevara hasta dentro de casa. Pero no fue así, me retracé, en un accidente de gaseosa derramada en el polo( sí de la suerte) que la mamá de Eduardo me ayudo a secar.

Y fallé, fallé a mi hermano, traté de convencer a Gerardo pero, él se negó, luego notó la desesperación, y fue lo que lo hizo más sospechoso, no me quedó de otra que llegar solo y sobre todo apenado.
Había fallado a mi hermano, en algo muy pero muy importante. Enrique me esperaba sentado en la sala, solo, sin estrategia, sin armas, tal vez con miedo. Se había arrepentido. Expliqué lo sucedido, le rogué que me disculpara, él solo dijo- Está bien, no hubiera podido y se fue a su cuarto sin decir más. Gerardo no fue más a casa, ni volví a ver a su hermano Eduardo, y nunca más volví a tocar el tema.


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